sábado, 25 de octubre de 2014

25 - X - 2014

   Las artes más misteriosas parecen ser las del sonido y el color. Los antiguos filósofos llamaban "cualidades secundarias" de los objetos a las que consideraban puestas por el sujeto, por ejemplo los colores o la textura. Serían "cualidades primarias" las objetivas, como el peso o la extensión. La pintura y la música tienen que ver con las cualidades secundarias, por lo que sólo hay un criterio para valorarlas: la percepción y sus variaciones o consecuencias  (la emoción, el estremecimiento, el impacto, el gusto...). Explicar por qué gusta una pintura o una obra musical es casi imposible porque convoca herramientas (la técnica, la razón...) que no pertenecen a la experiencia estética. Al final, la pintura gusta o no gusta, y el arte sucede. La Estética apenas si permite la glosa, el amaneramiento y la exclamación más o menos extática, es como si pidiera otra obra de arte, esta vez literaria.
   En la pequeña muestra de Maestros del Barroco en la Colección Cajasol que se expone en el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga  hay unas pinturas que impactan, y otras que no. Mezclar a maestros anónimos o incluso a Alonso Cano y Valdés Leal con Murillo o Zurbarán es una oportunidad excelente para comprobar la inclinación de nuestro gusto, eligiendo a ciegas los cuadros que consideramos más valiosos. El recorrido se hace en unos minutos, pero tal vez se repita otros días, aunque sólo sea para volver a ver los Murillos y, en mi caso, por este extraño retrato de San Pedro Nolasco asistido por dos ángeles, de Francisco de Zurbarán, que me parece un relato fantástico, pero pintado:

miércoles, 22 de octubre de 2014

Camino de sierra

   Era como si la tierra se hubiera detenido: los árboles y el aire quietos, el cielo sin nubes, el sol inmóvil en su apogeo del mediodía. Se demoró un momento justo enfrente del acantilado por el que había arrojado al seboso, buscando en su mente el fatídico detalle que pudiera inculparlo. No encontró nada. El Gordo yacía despanzurrado al fondo del barranco, su 4x4 despeñado pero sin signos de violencia ni huellas extrañas. Los técnicos sabrían concluir que se había salido en la curva por exceso de velocidad. ¿Y por qué iba a ir tan deprisa en aquel camino de sierra, entre dos poblados casi espectrales, por donde nadie pasaba y menos al mediodía? Pues porque El Gordo había asesinado de buena mañana a Juan López, más conocido como Don Juan. Todo se acaba sabiendo.
   Don Juan era un cerdo que merecía más que la muerte. De haber podido (como si no hubiera sido así, y como si no hubiera deseado repetir mil veces la única cuchillada que pudo asestarle), lo habría fileteado durante días; pero hubo de contenerse para que el comparsa gordinflón, cornudo e incapaz, sirviera de ejemplo en la franquicia de patán apuñala-y-corre, en el modelo de asesino indigno, inexperto y cateto. Por supuesto, la apetecible esposa hubo de correr igual suerte en casa del chulopueblo: una tonta menos, eso sí, lo bastante guapa y guarra como para hacer verídica la hipótesis de los celos.
   Pensaba en todo esto, y en lo difícil que sería relacionarlo a él con esa marea de sangre: un tipo que mira los árboles y el aire detenidos, que no tiene motivos ni apetencias, que se aburre a morir en los interminables meses de verano en la puta aldea de la sierra.


domingo, 12 de octubre de 2014

11 - X - 2014

   Al fin es sábado. Nada más levantarme enciendo la máquina y así, para cuando acabo de lavarme la cara, puedo ya comprobar si hay correo en la cuenta principal o en el gmail. Pongo el Twitter (no dejaré de actualizarlo todo el rato) y consulto los titulares de los periódicos. Las cosas, más o menos, siguen donde siempre: los de la yihad cortando cuellos, los bancos robando a todo el mundo, los catalanes quejándose y el ébola llamando a la puerta... Debería dejar la lectura atenta para el desayuno; pero paso frenéticamente de El País a El Mundo y de Sur a Público, miro también La Vanguardia, ABC y hasta The New York Times y Le Monde, cada uno con su particular visión del universo. Intento abstenerme de los comentarios de los lectores, pera no lo consigo. Después le toca a las páginas y foros de cine, compruebo si editan mis comentarios en filmaffinity y si los votan negativamente, reviso los próximos lanzamientos en blu-ray, leo los blogs cinéfilos a los que estoy suscrito, y por supuesto mantengo mis propios blogs y los del instituto, sigo los enlaces de los tweets más interesantes, recibo correo basura, pongo música en Grooveshark y cuando estoy en mitad de la mañana, en ayunas, con los ojos secos y una cierta inclinación al disparate, dejo por fin el ordenador.
   Me dejo caer en el sofá, dudando entre ducharme, desayunar o tirarme por el balcón. Suena el WhatsApp.