lunes, 8 de diciembre de 2014

La excursión

   Kryulup-qi propuso a la familia que probaran los nuevos trasladores yendo a visitar la nueva Lechería. La leche se había extendido por la cultura qi como una golosina sin igual: era más adictiva aún que las bolitas de mercurio de la Tierra, el producto que motivó la colonización y explotación de un planeta que hasta entonces no les había merecido ningún interés. Descubrieron el mercurio por casualidad, como un componente perdido en una de esas naves abrasadas que de cuando en cuando llegaban escupidas desde los pliegues del Universo, con sus patéticos mensajes de concordia y sus muestras de un arte primitivo. Nada más comprobar que era un mineral especialmente sabroso además de salutífero (el Gran-Huq-qi había asegurado sin lugar a dudas que una dieta rica en mercurio era capaz de alargar la vida de los qi hasta un veinte por ciento, es decir, entre dos y tres mil macrociclos estelares), los qi trasladaron sus naves a la Tierra, eliminaron todo lo accesorio una vez tomadas muestras de los elementos de la superficie para el Vivero Central, y acabaron con el mercurio en un par de macrociclos. Una vez de vuelta se dedicaron a analizar los organismos y descubrieron la leche. La producían muchos seres; pero ninguna era comparable a la de los humanos: especialmente rica en nutrientes con la proporcion perfecta para asimilar el mercurio. Entonces se arrepintieron de haber exterminado a la humanidad en pleno arrebato por el mineral (tremendamente escaso, por cierto), aunque por fortuna la reproducción en cautiverio fue fácil y pronto contaron con nuevas poblaciones de humanos en las Lecherías. Mediante un proceso elemental de control eugenético habían creado una macroindustria completamente operativa, a un paso de asegurar el suministro perpetuo de leche para los qi.
   Los Kryulu se materializaron en el recibidor y pasaron el control de visitas. Los niños disfrutaron con las golosinas y obsequios de la empresa. Una cib-qi especialmente eficiente les fue mostrando las instalaciones. "Les advierto que los humanos en su hábitat natural son repulsivos, hemos tenido que conservar algo de la suciedad y los olores propios de sus costumbres, por el bien del producto", dijo la cib-qi antes de introducirlos en la galería de habitáculos. Lo que vieron allí los dejó fascinados: en celdas infectas, con una música espantosa ("es Bach", dijo la guía, como si eso aclarase algo), estaban colocados sobre planchas mullidas unos seres enormes y blandos, boca abajo, pero con la cabeza erguida y conectada a una manguera, al igual que otras partes de su cuerpo. "Una mezcla apropiada de nutrientes sintéticos", dijo la cib-qi señalando al depósito de donde era aspirado el alimento que terminaba en el organismo extraqiestre. "Es una hembra", confirmó mirando al especimen. De la conexión con la manguera surgía un gorgorito que parecía una queja interminable. "En realidad está agradeciendo el alimento", aseguró la guía. Otra manguera conectaba a la humana con un depósito oculto. "Es para la inseminación. Estas criaturas tienen que estar siempre embarazadas para producir la leche. Por su parte, la descendencia es separada y engordada en otra sala, de donde irán ya sea al banco de esperma si son machos o a la producción si son hembras. Los organismos defectuosos son desechados. Estos seres son tremendamente simples, aunque muy perecederos, especialmente las hembras, ninguna ha superado los treinta ciclos hasta ahora", confirmó con espíritu científico la cicerone.
   Una vez pasado el nivel productivo de la Lechería llegaron a las jaulas para los machos. Eran unos individuos mucho más pequeños y consumidos, no parecían nada saludables. Estaban en cubículos verticales, aprisionados por su zona intermedia y dormidos artificialmente. "Hemos tenido que recurrir a la realidad virtual para que desempeñen correctamente sus funciones. Así están tranquilos, dado que se trata de unos individuos especialmente inestables y violentos."
   Los Kryulu fueron acompañados a la sala de traslaciones, pero antes los volvieron a obsequiar con todo tipo de golosinas y derivados de la leche. Sólo la pequeña Kryuluh-3-qi, con actitud hosca, se negó a tomar nada; por lo que la madre tuvo que disculparse. "Ya se le pasará en casa", aseguró, y sincronizando los qidos se trasladaron en 0,2 qisegundos hasta su lejano hogar, un diez por ciento menos que con los viejos trasladores.

1 comentario:

  1. Quizás yo necesite una crib que me ciceronee este extraño mundo. La cuestión es plantear si quien necesita una crib para entender el proceso de supervivencia merece o no el derecho a entender o simplemente debiera estar conectado a diversos tubos y producir aquello que su naturaleza le permita.

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