martes, 19 de mayo de 2015

Así acaban



Adiós y sean amables. 
Dicen las últimas palabras de la edición original de Anatomía de la melancolía.

(...)

Adiós y sean amables.

[David Markson: Esto no es una novela. Buenos Aires: La Bestia Equilátera, 2013, págs. 202 y 214]

lunes, 18 de mayo de 2015

David Markson

 

¿Qué posibilidades reales hay de ser original en las artes? ¿No está todo ya suficientemente explorado, convenientemente agotado? ¿No se está condenado a repetir y parafrasear, cuando no a plagiar a los otros?

Y en esto llega David Markson.

Podría no ser tan original: hay toda una historia de originalidades a sus espaldas, apoyándolo como una pared.

Pero uno percibe la pared porque hay algo o alguien que se apoya en ella. Fondo y figura.

Una novela sobre nada, pidió Flaubert.

La brevedad o la rapidez será el signo de la literatura de este milenio, profetizó Calvino.

Epitafios, aforismos, fragmentos, notas y citas. Un libro de brevedades. Un assemblage. Tacho de basura.

Libros pre-póstumos. Vanidosos, pensaba Borges. (Él, que no dejó de componerlos.)

Jugando con la forma novela. No deja de haber argumento, Ortega puede estar tranquilo. El Autor o el Escritor lo cita adrede. No sabemos si con ironía. Apenas hay argumento.

A él y a tutti quanti.

Un libro de referencias. Ordenadas al milímetro. Hay tantas que las repeticiones no sabemos si son buscadas. Uno sospecha que sí, ya sea porque pretendía un efecto o para simular espontaneidad. Puro artificio.

Después de los libros, de Esto no es una novela, por ejemplo, uno se interesa por el autor y descubre la estupenda historia de sus marginalia, de sus libros rematados en Strand, y del blog (Reading Markson Reading) que se propuso recuperar esa otra obra, la que estaba dispersa en su propia biblioteca.

La anécdota parece una Marksonada más. La última.

Malcolm Lowry, James Joyce... Pero no se le parecen. 

Tan solo en la historia de la novela como Shakespeare en la historia de la poesía, dijo Graham Greene de Henry James. Igual pasa con Markson, aunque no se sabe cuál es su historia.


lunes, 8 de diciembre de 2014

La excursión

   Kryulup-qi propuso a la familia que probaran los nuevos trasladores yendo a visitar la nueva Lechería. La leche se había extendido por la cultura qi como una golosina sin igual: era más adictiva aún que las bolitas de mercurio de la Tierra, el producto que motivó la colonización y explotación de un planeta que hasta entonces no les había merecido ningún interés. Descubrieron el mercurio por casualidad, como un componente perdido en una de esas naves abrasadas que de cuando en cuando llegaban escupidas desde los pliegues del Universo, con sus patéticos mensajes de concordia y sus muestras de un arte primitivo. Nada más comprobar que era un mineral especialmente sabroso además de salutífero (el Gran-Huq-qi había asegurado sin lugar a dudas que una dieta rica en mercurio era capaz de alargar la vida de los qi hasta un veinte por ciento, es decir, entre dos y tres mil macrociclos estelares), los qi trasladaron sus naves a la Tierra, eliminaron todo lo accesorio una vez tomadas muestras de los elementos de la superficie para el Vivero Central, y acabaron con el mercurio en un par de macrociclos. Una vez de vuelta se dedicaron a analizar los organismos y descubrieron la leche. La producían muchos seres; pero ninguna era comparable a la de los humanos: especialmente rica en nutrientes con la proporcion perfecta para asimilar el mercurio. Entonces se arrepintieron de haber exterminado a la humanidad en pleno arrebato por el mineral (tremendamente escaso, por cierto), aunque por fortuna la reproducción en cautiverio fue fácil y pronto contaron con nuevas poblaciones de humanos en las Lecherías. Mediante un proceso elemental de control eugenético habían creado una macroindustria completamente operativa, a un paso de asegurar el suministro perpetuo de leche para los qi.
   Los Kryulu se materializaron en el recibidor y pasaron el control de visitas. Los niños disfrutaron con las golosinas y obsequios de la empresa. Una cib-qi especialmente eficiente les fue mostrando las instalaciones. "Les advierto que los humanos en su hábitat natural son repulsivos, hemos tenido que conservar algo de la suciedad y los olores propios de sus costumbres, por el bien del producto", dijo la cib-qi antes de introducirlos en la galería de habitáculos. Lo que vieron allí los dejó fascinados: en celdas infectas, con una música espantosa ("es Bach", dijo la guía, como si eso aclarase algo), estaban colocados sobre planchas mullidas unos seres enormes y blandos, boca abajo, pero con la cabeza erguida y conectada a una manguera, al igual que otras partes de su cuerpo. "Una mezcla apropiada de nutrientes sintéticos", dijo la cib-qi señalando al depósito de donde era aspirado el alimento que terminaba en el organismo extraqiestre. "Es una hembra", confirmó mirando al especimen. De la conexión con la manguera surgía un gorgorito que parecía una queja interminable. "En realidad está agradeciendo el alimento", aseguró la guía. Otra manguera conectaba a la humana con un depósito oculto. "Es para la inseminación. Estas criaturas tienen que estar siempre embarazadas para producir la leche. Por su parte, la descendencia es separada y engordada en otra sala, de donde irán ya sea al banco de esperma si son machos o a la producción si son hembras. Los organismos defectuosos son desechados. Estos seres son tremendamente simples, aunque muy perecederos, especialmente las hembras, ninguna ha superado los treinta ciclos hasta ahora", confirmó con espíritu científico la cicerone.
   Una vez pasado el nivel productivo de la Lechería llegaron a las jaulas para los machos. Eran unos individuos mucho más pequeños y consumidos, no parecían nada saludables. Estaban en cubículos verticales, aprisionados por su zona intermedia y dormidos artificialmente. "Hemos tenido que recurrir a la realidad virtual para que desempeñen correctamente sus funciones. Así están tranquilos, dado que se trata de unos individuos especialmente inestables y violentos."
   Los Kryulu fueron acompañados a la sala de traslaciones, pero antes los volvieron a obsequiar con todo tipo de golosinas y derivados de la leche. Sólo la pequeña Kryuluh-3-qi, con actitud hosca, se negó a tomar nada; por lo que la madre tuvo que disculparse. "Ya se le pasará en casa", aseguró, y sincronizando los qidos se trasladaron en 0,2 qisegundos hasta su lejano hogar, un diez por ciento menos que con los viejos trasladores.

sábado, 22 de noviembre de 2014

El malestar de la brevedad


   “Contraponer lo más detallado a lo más breve”, dice Elias Canetti [1] en un apunte de 1974. Naturalmente, no da más explicaciones; pero lo principal ya está dicho: Canetti apunta a la diferencia entre escribir largo y escribir corto, entre la peculiaridad de una estrategia que precisa (como decía su maestro Lichtenberg) “seis gruesos volúmenes en octavo” [2] a fin de tratar un tema y la que se vale y basta con un párrafo o media cuartilla.

   La diferencia entre escribir más o menos largo obliga a comparar dos intenciones opuestas: la de quien persigue la expresión plena o total, frente al que valora o se contenta con la expresión aproximada y parcial. Resulta curioso que el mismo Canetti, al clasificar las literaturas del yo (libros de apuntes, agendas y  diarios) destaque la espontaneidad y contradicción de los apuntes [3]. Estos rasgos, uno positivo y otro negativo, justifican el firme malestar con que se pone a la tarea el escritor de brevedades:

Es posible que la brevedad le haya hecho perderse lo que merece la pena en las frases, sus crecidas y estiajes, sus altos y bajos, sus venturas y desventuras. Quizá no habría que comprimir las frases, tal vez no debieran ser destilación, sino plétora inagotable. Entonces, durante todos esos años de escritura, se ha privado de ese placer encomiando en vano la ascesis de la brevedad [4].

   Canetti se autodiagnostica en este fragmento, porque si ha apostado por algo en su literatura es por las anotaciones que él llama apuntes, pero la autocrítica y la duda parecen inevitables en quien se ve obligado a la dispersión propia de una obra sintética.
   Puede que, por otro lado, el escritor oceánico compruebe que su empeño es agotador, inacabable, tal vez infinito, y acabe pareciéndole una monumental broma; el de brevedades, sin embargo, podría castigarse con la idea de ser víctima de una incapacidad elemental, tal y como expresa un autor guatemalteco tan obsesionado por las moscas como el búlgaro, en un metacuento paródico con la virtud de caber íntegro en una sola cita:

 LA BREVEDAD
 Con frecuencia escucho elogiar la brevedad y, provisionalmente, yo mismo me siento feliz cuando oigo repetir que lo bueno, si breve, dos veces bueno.
   Sin embargo, en la sátira 1, I, Horacio se pregunta, o hace como que le pregunta a Mecenas, por qué nadie está contento con su condición, y el mercader envidia al soldado y el soldado al mercader. Recuerdan, ¿verdad?
   Lo cierto es que el escritor de brevedades nada anhela más en el mundo que escribir interminablemente largos textos, largos textos en que la imaginación no tenga que trabajar, en que hechos, cosas, animales y hombres se crucen, se busquen o se huyan, vivan, convivan, se amen o derramen libremente su sangre sin sujeción al punto y coma, al punto.
   A ese punto que en este instante me ha sido impuesto por algo más fuerte que yo, que respeto y que odio [5].

 




[1]        Elias Canetti: Apuntes 1973-1984. Barcelona: Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, 2000, p. 15.

[2]        Georg Christoph Lichtenberg: Aforismos, ocurrencias y opiniones. Madrid: Valdemar, 2000, p. 103 (B 265).

[3]        Elias Canetti: “Diálogo con el interlocutor cruel”, en La conciencia de las palabras. Madrid: F.C.E., 1982, p. 73.

[4]        Elias Canetti: El suplicio de las moscas. Madrid: Anaya & Mario Muchnik, 1994, p. 135.


[5]        Augusto Monterroso: Movimiento perpetuo. Barcelona: Anagrama, 1990, p. 149.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Pinchos con enigma


Si Gorgias viniera otra vez a la Tierra, en esto diría que nadie está con quien quiere, y si lo está teme perderlo; y si no teme perderlo, es que quiere irse él; y si no quiere irse tendrá dudas o miedos o hará tiempo que se desencantó y ya no espera nada de la vida, de su tiempo o la humanidad.

* * *

El cuerpo tiene su propia visión del asunto.

* * *

Si no tienes memoria, al menos usa la imaginación.


* * *

Es como ese árbol que aparece en el recodo y hacia el que se dirige el coche en sueños, sabiendo que vas a estrellarte sin poder hacer nada para evitarlo. Bastaría retirar el pie del acelerador, pero ya es tarde.

* * *

Hay brechas en la vida de ella, como en la de todos, y él es una especie de ladrillo con desperfectos, que tapa pero no repara.

* * *

El antiguo amenaza al nuevo, como un soldado caído que se hace el muerto. 

* * *

Hay dos enemigos contra los que se puede luchar y hasta vencer, según dicen: el cáncer y _____________

* * *

Uno que lo sabe todo, frisando o pasados los sesenta: pelo blanco, maneras suaves y un conocimiento natural de los vinos, los países europeos, la historia universal y los clásicos del Barroco. En realidad se halla a la merced de "la mano en el guante", y hasta Valéry se verá "como un imbécil". Es así.

* * *

¿Que cuál es la prueba? La prueba está en el tacto: se tocan y ya está.

* * *

- Antes de cenar pasamos por el hotel y nos duchamos.
- Suena bien.
- Pero no podemos hacerlo.
- No, no podemos.


 * * *

No podía dejar de pensar. No quería dejar de pensar. En todo estaba, y todo se lo recordaba.

* * *

Es algo en lo que todos somos expertos y nos interesa mucho. Lo que más.